Debajo del árbol

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Autonomía y autogestión en el trabajo en el aula

¿Cómo trabajar la autonomía y la autogestión con nuestros alumos?

Esa es una pregunta que muchos maestros nos hacemos en la busqueda de caminos para ayudar a que los alumnos sean capaces de tomar sus propias decisiones dentro de su proceso de aprendizaje. Y esta fue una de las preguntas que inspiró a Lourdes Centeno, docente del ITESO, colega mía, a diseñar un curso semipresencial, sobre la plataforma de un blog, en donde los alumnos trabajaran distintas actividades que los llevaran a aprender, desde la autonomía y la autogestión.

Llegar al salón de clases y encontrarnos con que la mitad del grupo no leyó la lectura asignada o no hizo la tarea solicitada, es una experiencia común, que llena de frustración al maestro, obligándolo a modificar toda la dinámica previamente planeada y a dedicar tiempo dentro del aula a actividades que se suponía que el alumno tenía que realizar por su cuenta.

Loudes se preguntó: ¿Cómo hacer para evitar este tipo de situaciones?, ¿cómo hacer para no tener que estar convenciendo a los alumnos de que lean antes de cada clase, para no tener problemas porque no hicieron la tarea, porque no traen la actividad, porque quieren más plazo de entregas? En pocas palabras, ¿cómo hacer para que el curso esté centrado en lo realmente importante y es el alumno logre los aprendizajes esperandos de la materia?

Con estas ideas, diseñó un curso semipresencial, apoyado en las TIC, utilizando un blog. En este blog colgó distintas actividades que los alumnos tendrían qué resolver a lo largo del semestre (actividades para realizarse de manera individual, otras por pares o por equipos), el calendario del curso y diversos recursos que los apoyarían en el proceso (videos, presentaciones, artículos, etc.).

La dinámica del curso consistió en que los estudiantes tenían que resolver diversas situaciones de aprendizaje, diseñadas por el docente en un formato de fichas de trabajo, que estaban publicadas en el blog.

Las fichas tenían plazos largos de entrega, de manera que los estudiantes podían trabajar a su propio ritmo. Si un estudiante no estaba conforme con la nota de su tarea, podía retrabajarla para mejorarla. No importaba cuántas veces quisiera el estudiante rehacer la actividad, lo importante era su aprendizaje.

Dentro del calendarío estaban planeadas sesiones grupales que servían para puestas en común; sin embargo, a lo largo de todo el semestre, los alumnos podían asistir en  su horario de clase para consultar al docente o sólo para trabajar dentro del aula.

En este contexto, el salón de clases se convierte en un espacio más de aprendizaje, a donde se puede asistir o no asistir – no había obligación para ello- pero quienes asistían lo hacían para tener asesoría, para resolver dudas específicas, o para trabajar.

El aula se transforma, de esta manera, en una especie de taller en donde el alumno va a trabajar solo o con otros, a su ritmo, apoyado por el docente; y deja de ser el lugar a donde el alumno va a sentarse a escuchar por dos horas al maestro. En este contexto, al salón asisten quienes quieren aprender.

Al final del semestre, los alumnos tenían la elección de entregar los distintos productos con ciertos elementos de base proporcionados por el docente, pero en el formato de su preferencia (video, prezi, glogster, ensayo, etc.). “Al final el blog se convirtió en un cuaderno en el que todos fuimos construyendo algo juntos” comparte la maestra Centeno.

¿Qué logró la maestra Centeno con un diseño así?

Principalmente, convertirse en una “acompañante” en el proceso de sus alumnos y dejar de ser quien los “empuja” a trabajar. Ella menciona que los alumnos –con este diseño- mostraron mucha más responsabilidad en su proceso, desaparecieron las discusiones por la calificación y por los tiempos de entrega y los alumnos encontraron la suficiente motivación para realizar las actividades y aprobar el curso, logrando los desempeños esperados.

¿El principal obstáculo? La concepción que tienen los propios estudiantes sobre cómo aprenden; el hecho de que muchas veces consideran que aprender significa sentarse a escuchar lo que el maestro tiene que decir, y olvidan que su aprendizaje también abarca todas esas actividades de lectura, exploración, investigación, selección, organización, etc. que realizan fuera del aula, en la biblioteca, pero también en su computadora, con sus amigos, desde sus celulares.

Los alumnos siguen esperando que el maestro les dé la última palabra, que el maestro sea quien apruebe o desapruebe las decisiones que toman, que el maestro evalúe y califique. Este tipo de cursos implican al docente soltar el control, no así desentenderser de él –como muchos podrían interpretar. Significa que planean actividades desde la creatividad, partiendo de la confianza en los estudiantes, en su capacidad de trabajar por su cuenta y aprender con otros. Este tipo de cursos, le implica al alumno asumir responsabilidad y compromiso por su propio proceso de aprendizaje, dejar de aparentar y ponerse a actuar. Implica autonomía y autogestión.

Me gustó mucho la experiencia de Lourdes Centeno porque es un claro ejemplo de las cosas increíbles que pueden surgir cuando, en las búsquedas por mejores maneras de aprendizaje, los maestros se lanzan a explorar e innovan.

Con gusto les comparto aquí el blog de la maestra Centeno, esperando puedan revisarlo, explorarlo, comentarlo y ¿por qué no? Copiarlo para después compartir qué aprendizajes obtuvieron de ello.

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