Debajo del árbol

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Cambiando la lógica del curso

Hace un par de años, en un Simposium de Educación del ITESO, recuerdo que me sorprendió escuchar al Dr. Santos Guerra compartir que al inicio de un curso, el primer día del semestre, entró al salón, se sentó y preguntó a los estudiantes ¿qué quieren aprender? Y así fue como armaron juntos todo el curso.

Con la idea de modificar mi práctica docente acercándome más a los intereses de mis alumnos, alimentando su interés por aprender y desarrollando su autonomía, planee este curso de primavera 2016 bajo esa lógica. Me aproveché de que el objeto de estudio del curso es “Metodologías del aprendizaje”, me armé de valor, llegué el primer día de clase y – después de dar la bienvenida a mis alumnos- les planté el reto del semestre:

“Este es el objetivo de aprendizaje para esta materia ¿cómo le vamos a hacer para lograrlo?”

Lo que ha seguido a eso ha sido interesante para mí y me gustaría írselos contando poco a poco, a lo largo de este semestre.

Lo primero que hicimos fue definir si los 3 objetos de estudio del objetivo de aprendizaje eran de su interés o preferían modificarlos. Dijeron estar interesados y añadieron uno más a la lista. La tarea de ese día fue traer una propuesta de cómo cumplir el objetivo de la materia. La clase siguiente todos llegaron con su propuesta pero no todos tenían una propuesta muy desarrollada, así que se juntaron por grupos pequeños para que cada quien compartiera su propuesta y entre todos armaran una sola propuesta. Fue muy interesante ver que muchas propuestas partían de: la maestra nos enseña, la maestra explica, la maestra… así que hablé con el grupo y les replanté la pregunta:

“¿Qué debo hacer YO para lograr el objetivo del curso?”

Esto ayudó a que cambiaran la perspectiva a su proceso personal y poder así discutir con sus compañeros cómo se imaginaban el curso, señalar las actividades que se les antojaba realizar o que creían convenientes realizar. Entonces negociaron con los demás sus expectativas y diseñaron con los otros el tipo de producto del curso que se les antojaba realizar.

Al final, teníamos 3 propuestas muy similares que discutimos en grupo y de las cuales surgió una sola, con calendarización y productos.

Propuestas curso

Con esta propuesta fue como armé la guía de aprendizaje del curso.

Para mí fue muy interesante escuchar lo que querían o no querían hacer, su necesidad por tener más actividades individuales y menos de equipo en algunos momentos (al parecer con la intención de tener más espacios de estudio personal), pero al final, privilegiando la construcción en grupo.

El diseño del curso fue muy cercano a lo que yo hubiera diseñado, con momento de investigación individual, discusión grupal, diseño de propuestas por equipos, aplicación y evaluación. Hay detalles que aún no están definidos, como: lecturas concretas, criterios de evaluación, indicadores de calidad, etc.; pero sé que poco a poco los iremos decidiendo juntos.

La intención es que ellos armen su proceso de aprendizaje en estas 16 semanas, que elijan qué hacer y cómo, que juntos valoremos qué funciona y qué no para aprender aquello que queremos aprender. Confieso que hay veces que me cuesta trabajo quedarme callada y no dar indicaciones, no decir por dónde o qué en concreto. Estoy determinada a ser mucho más observadora del proceso y acompañante de mis estudiantes esta vez, respetando el espacio para que ellos propongan, diseñen, se pregunten, se respondan y aprendan.

Por supuesto esto implica que trate de ir dos pasos más adelante del proceso, que prevea, que me prepare para lo que sigue y no olvide los propósitos del curso; pero me encanta la idea de soltar el control de la planeación y confiar en su capacidad de aprender, gestionar y organizarse; y en la mía de motivarlos para que eso suceda.

Al final de la clase una alumna dijo en voz alta, mientras guardaba sus útiles “Nunca había armado yo mi semestre”. Se veía entusiasmada y yo también.

Espero que este proceso, al partir más de ellos que de mí, les despierte a mis estudiantes “el deseo de saber”, como dice Santos Guerra. Entonces sí habremos logrado el propósito del curso.

Ya les iré contando qué sucede.

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Todo inicio de curso

Disfruto todos los inicios: el inicio de año con nuevos proyectos, el inicio de un buen libro, el inicio de una serie televisiva, una nueva amistad o un nuevo proyecto. Pero el inicio de semestre escolar siempre contiene un disfrute especial.

Encontrarme con un nuevo grupo de estudiantes, ver nuevas caras, nuevas sonrisas de nerviosismo e inquietud; reconocer a aquellos que ya han pasado por otros cursos, notar sus cambios, su crecimiento, los nuevos retos… es siempre un placer.

Generalmente al inicio de semestre hago una breve actividad que busca saber un poco de mis estudiantes. Una especie de “fotografía” de cómo están en ese momento. Algunas veces pego en el pizarrón letreros como:

“¿Cómo estoy?”, “Mis sueños”, “Mi fortaleza”, “Mi debilidad”, Mis retos”, y pido que en hojas pongan palabras con las que respondan a eso. Quedan collages como los siguientes:

Collage1

Este semestre se me ocurrió que se imaginaran que habían estado ausentes de su Facebook un par de meses y que hoy volvían a conectarse. “¿Qué escribirían en su estado para dar una idea a sus amigos de cómo están?, ¿qué fotografía añadirían?” Quedó el siguiente collage grupal:

Collage2

Después de la reflexión personal y de ver lo que los otros compartieron, entre todos leemos las respuestas y buscamos lo que nos llama la atención, las coincidencias, las diferencias y los desafíos que eso nos presenta como grupo. Los descubrimientos son interesantes y muchas veces sorprendentes. Para mí es una especie de mapa que me guía en la planeación de las siguientes sesiones, ya que esas palabras pegadas en el pizarrón me hablan de cómo se sienten, dónde están sus intereses, qué les preocupa, qué les motiva… elementos que puedo retomar en las sesiones buscando que el aprendizaje sea significativo.

La actividad se vuelve también un pequeño ejercicio de introspección, de hacer un alto en el camino y mirarse como individuos y como colectivo. Es una manera de conectarnos unos con otros, con aquello que compartimos en lo profundo, de vernos como personas y no sólo como compañeros de curso.

Todo inicio de curso es interesante, es como abrir una nueva ventana. Así son mis inicios de curso en la universidad. ¿Cómo son los tuyos?

 

Los niños y el Internet ¿qué tanto es tantito?

Uno de los temas que nos tienen inquietos tanto a padres de familia como a docentes en general, es la alta exposición que tienen niños y adolescentes a la tecnología. Es sumamente común en nuestros días encontrar niños de cualquier edad jugando con algún dispositivo móvil (ya sea smarthphone, tableta, ipod, etc.) propio o prestado, con supervisión de un adulto o sin ella, debido a que estos aparatos ofrecen todo tipo de aplicaciones de recreación, fáciles de usar, sumamente atractivas tanto para jóvenes como para adultos.

Los niños han pasado de ver la televisión como una de las actividades recreativas más atractivas, a los juegos electrónicos a través de consolas conectadas al televisor (entiéndase Xbox, nintendo, etc.), ahora al internet que ofrece múltiples actividades atractivas en línea: redes sociales, minecraft, videos, y un sin fin de aplicaciones que usan para su entretenimiento.

Niños y adolescentes pasan cada vez más tiempo frente a las pantallas. En una investigación llevada a cabo por la Fundación Telefónica, la Universidad de Navarra y Educared, se enfocaron a estudiar el uso que hacen los niños y adolescentes de la tecnología. En estudio, realizado a veintidós mil niños y adolescentes de 7 países latinoamericanos, entre los que se encuentran México (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela), se revela que el 42% de los niños iberoamericanos encuestados de 11 años prefieren Internet a la televisión, y entre los adolescente de 14 y 15 años, el porcentaje sube hasta el 60% (para más información, aquí).

Los niños y adolescentes iberoamericanos necesitan estar conectados, para ellos, no tener acceso a Internet es estar prácticamente muertos, socialmente hablando.

Tenemos niños y jóvenes hipercontectados, que suelen manejar una o varias pantallas al mismo tiempo, que acceden al internet para solucionar muchas de sus tareas cotidianas: búsqueda de información, resolver tareas escolares, escuchar música, ver sus caricaturas favoritas, jugar o contactar amigos… Chicos que brincan de una pantalla a otra, de un tema a otro con enorme facilidad y que se encuentran sumamente atraídos por la imagen, el hipertexto y las redes sociales.

Son chicos altamente consumidores de contenido dentro de la web: principalmente música, juegos y deportes, pero que también son productores de contenido. La investigación antes mencionada, señala que el 40% de niños y jóvenes han generado alguna vez contenido en la Web, esto significa que tienen su blog, o han subido fotos o han diseñado su propia página. No nada más consumen, a su corta edad también producen.

Este es el entorno en el que se desenvuelven.

Estas nuevas formas de acceso y manejo de la información provoca nuevas formas de construcción de conocimiento, nuevas maneras de descubrir el mundo, de encontrarnos con los otros… de aprender.

¿Cómo aprovechar este entorno a favor del aprendizaje?

Hay que ayudar a nuestros hijos, a nuestros alumnos a hacer un uso significativo de la tecnología. Proveyéndoles de un marco educativo a las actividades que llevan a cabo con las TIC:

  • Hablar con ellos de las cuestiones de seguridad en el uso de las tecnologías. Mantener una buena comunicación con nuestros hijos y nuestros alumnos, saber qué están haciendo, qué páginas están visitando, cómo lo están haciendo. Platicar con ellos sobre las repercusiones que tiene la información que subimos a la Web, el entrar en contacto con extraños, la información, fotos, videos que subimos de nuestros amigos. proporcionarles un marco convivencia y respeto hacia ellos y hacia los demás.
  • Cuidar el “tiempo de pantalla”, es decir, llevar un control sobre las horas que pasan frente a cualquier pantalla, ya sea la televisión, la Tablet, el teléfono celular o la computadora.  O los chicos pierden la oportunidad de llevar a cabo otras actividades importantes para su crecimiento y socialización.
  • Buscar espacios informales, pláticas, de reflexión sobre lo que pasa en la Web ¿con qué tipo de información se encuentran? Para qué la usan, qué aprenden con ella, les es útil. Modelarles formas críticas de interactuar con la tecnología, que aprendan que no tienen que consumir todo lo que la Web les ofrece, porque no todo es para ellos ni todo les aporta a su formación. Que sepan que cuando juegan también aprenden.

En este tema de los niños y el internet mi sugerencia es: acompañémoslos, aprendamos con ellos, habitando la red juntos.

Autonomía y autogestión en el trabajo en el aula

¿Cómo trabajar la autonomía y la autogestión con nuestros alumos?

Esa es una pregunta que muchos maestros nos hacemos en la busqueda de caminos para ayudar a que los alumnos sean capaces de tomar sus propias decisiones dentro de su proceso de aprendizaje. Y esta fue una de las preguntas que inspiró a Lourdes Centeno, docente del ITESO, colega mía, a diseñar un curso semipresencial, sobre la plataforma de un blog, en donde los alumnos trabajaran distintas actividades que los llevaran a aprender, desde la autonomía y la autogestión.

Llegar al salón de clases y encontrarnos con que la mitad del grupo no leyó la lectura asignada o no hizo la tarea solicitada, es una experiencia común, que llena de frustración al maestro, obligándolo a modificar toda la dinámica previamente planeada y a dedicar tiempo dentro del aula a actividades que se suponía que el alumno tenía que realizar por su cuenta.

Loudes se preguntó: ¿Cómo hacer para evitar este tipo de situaciones?, ¿cómo hacer para no tener que estar convenciendo a los alumnos de que lean antes de cada clase, para no tener problemas porque no hicieron la tarea, porque no traen la actividad, porque quieren más plazo de entregas? En pocas palabras, ¿cómo hacer para que el curso esté centrado en lo realmente importante y es el alumno logre los aprendizajes esperandos de la materia?

Con estas ideas, diseñó un curso semipresencial, apoyado en las TIC, utilizando un blog. En este blog colgó distintas actividades que los alumnos tendrían qué resolver a lo largo del semestre (actividades para realizarse de manera individual, otras por pares o por equipos), el calendario del curso y diversos recursos que los apoyarían en el proceso (videos, presentaciones, artículos, etc.).

La dinámica del curso consistió en que los estudiantes tenían que resolver diversas situaciones de aprendizaje, diseñadas por el docente en un formato de fichas de trabajo, que estaban publicadas en el blog.

Las fichas tenían plazos largos de entrega, de manera que los estudiantes podían trabajar a su propio ritmo. Si un estudiante no estaba conforme con la nota de su tarea, podía retrabajarla para mejorarla. No importaba cuántas veces quisiera el estudiante rehacer la actividad, lo importante era su aprendizaje.

Dentro del calendarío estaban planeadas sesiones grupales que servían para puestas en común; sin embargo, a lo largo de todo el semestre, los alumnos podían asistir en  su horario de clase para consultar al docente o sólo para trabajar dentro del aula.

En este contexto, el salón de clases se convierte en un espacio más de aprendizaje, a donde se puede asistir o no asistir – no había obligación para ello- pero quienes asistían lo hacían para tener asesoría, para resolver dudas específicas, o para trabajar.

El aula se transforma, de esta manera, en una especie de taller en donde el alumno va a trabajar solo o con otros, a su ritmo, apoyado por el docente; y deja de ser el lugar a donde el alumno va a sentarse a escuchar por dos horas al maestro. En este contexto, al salón asisten quienes quieren aprender.

Al final del semestre, los alumnos tenían la elección de entregar los distintos productos con ciertos elementos de base proporcionados por el docente, pero en el formato de su preferencia (video, prezi, glogster, ensayo, etc.). “Al final el blog se convirtió en un cuaderno en el que todos fuimos construyendo algo juntos” comparte la maestra Centeno.

¿Qué logró la maestra Centeno con un diseño así?

Principalmente, convertirse en una “acompañante” en el proceso de sus alumnos y dejar de ser quien los “empuja” a trabajar. Ella menciona que los alumnos –con este diseño- mostraron mucha más responsabilidad en su proceso, desaparecieron las discusiones por la calificación y por los tiempos de entrega y los alumnos encontraron la suficiente motivación para realizar las actividades y aprobar el curso, logrando los desempeños esperados.

¿El principal obstáculo? La concepción que tienen los propios estudiantes sobre cómo aprenden; el hecho de que muchas veces consideran que aprender significa sentarse a escuchar lo que el maestro tiene que decir, y olvidan que su aprendizaje también abarca todas esas actividades de lectura, exploración, investigación, selección, organización, etc. que realizan fuera del aula, en la biblioteca, pero también en su computadora, con sus amigos, desde sus celulares.

Los alumnos siguen esperando que el maestro les dé la última palabra, que el maestro sea quien apruebe o desapruebe las decisiones que toman, que el maestro evalúe y califique. Este tipo de cursos implican al docente soltar el control, no así desentenderser de él –como muchos podrían interpretar. Significa que planean actividades desde la creatividad, partiendo de la confianza en los estudiantes, en su capacidad de trabajar por su cuenta y aprender con otros. Este tipo de cursos, le implica al alumno asumir responsabilidad y compromiso por su propio proceso de aprendizaje, dejar de aparentar y ponerse a actuar. Implica autonomía y autogestión.

Me gustó mucho la experiencia de Lourdes Centeno porque es un claro ejemplo de las cosas increíbles que pueden surgir cuando, en las búsquedas por mejores maneras de aprendizaje, los maestros se lanzan a explorar e innovan.

Con gusto les comparto aquí el blog de la maestra Centeno, esperando puedan revisarlo, explorarlo, comentarlo y ¿por qué no? Copiarlo para después compartir qué aprendizajes obtuvieron de ello.

Aprender a pensar: la metacognición

Uno de los objetivos que tiene la educación en la actualidad es que el alumno aprenda a aprender. Ya no es importante que los chicos memoricen toneladas de información, lo que es importante se que sepan cómo buscarla, dónde buscarla, qué hacer con ella: es importante que aprendan a pensar. Para ello, la metacognición es una excelente estrategia.

La metacognición es una estrategia del pensamiento que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra manera de conocer y a regular nuestras actividades de aprendizaje. Frida Díaz Barriga (2010) lo define como “el saber que desarrollamos sobre nuestros propios procesos y productos del conocimiento” (p.187).

La metacognición es una especie de monitoreo mental, son las preguntas que nos planteamos antes, durante y después de llevar a cabo una actividad. Son las respuestas que nos damos para saber qué vamos a hacer, cómo le vamos a hacer, qué vamos a necesitar, en qué momento del proceso estamos, qué nos falta para lograr la meta y qué resultados tuvimos.

Trabajar la metacognición con los alumnos, les ayuda a tomar conciencia de qué saben, cómo saben hacer las cosas, con qué herramientas cuentan, qué acciones o procesos pueden mejorar. Con ejercicios sencillos dentro del aula, los docentes podemos modelar en los estudiantes reflexiones que sobre su manera de pensar y actuar que les dan más conciencia sobre sí mismos y más herramientas para tomar mejores decisiones, cumplir metas, solucionar problemas.

David Perkins, autor del libro “Un aula para pensar”, señala que este monitoreo mental que es la metacognición, fomenta en los alumnos el pensamiento responsable e independiente, además de fomentar el pensamiento estratégico y la actitud planificadora, al dar elementos sobre cómo seguir adelante en una tarea, qué pasos son necesarios para alcanzar los objetivos. Todos sabemos que a los estudiantes se les dificulta planear, organizar las tareas, preveer. Los ejercicios metacognitivos pueden ir modelando actividades que los ayudarán a adquirir el hábito de la planeación al mismo tiempo que a desarrollar habilidades para tomar mejores decisiones y desarrollar mejores planeaciones.

Porque lo interesante de la metacognición es que “es un aspecto de la inteligencia que se puede aprender” (Perkins, 1997). A la mayoría de los alumnos se les dificulta tomar conciencia sobre las distintas actividades que llevan a cabo para realizar una tarea escolar, para tomar decisiones o para resolver problemas. Mientras no tengan detectado qué hacen y cómo lo hacen, no podrán saber de qué manera mejorar estas acciones. Con ejercicios de metacognición los docentes pueden ir ayudando a los chavos a que tomen conciencia de las distintas acciones que llevan a cabo, a conocer cuáles son las herramientas mentales con las que cuentan y cómo mejorar este tipo de procesos cognitivos.

El semestre pasado, en uno de los cursos de licenciatura que imparto aquí en el ITESO, decidí implementar el uso del blog como una de las estrategias del curso para trabajar la metacognición. Al inicio del curso solicité que cada alumno abriera su propio blog y lo fuera alimentando durante el semestre. Había varias intenciones educativas atrás de esta actividad. Primero, el uso significativo de la tecnología. Como ya he mencionado en otras ocasiones, es importante que los chavos aprendan a usar la tecnología más allá de la comunicación y la información, que sepan cómo darle un uso significativo que abone a su proceso de aprendizaje. Lo que Dolors Reig menciona como pasar de las TIC a las TAC (Tecnologías para el aprendizaje y la comunicación).

Segundo que se asuman como productores de información y no sólo como consumidores de lo que encuentran en la web. Una de las grandes ventajas que tiene la web 2.0, es que nos permite producir contenido y una manera fácil de hacerlo es a través de los blogs.

El tercer objetivo, trabajar la metacognición, que el blog fuera un espacio para que los estudiantes pudieran ir reflexionando sobre sus propios aprendizajes.

Así, durante el semestre, en ciertos momentos claves del curso, la tarea fue que en su blog compartieran cosas como: que es para tí el aprendizaje, qué aprendiste en este bloque, qué cosas te ayudaron a aprender eso, qué cosas dificultaron ese proceso, qué cosas cambiaron o modificaste de los aprendizajes que mencionaste en el bloque anterior. Los estudiantes tenían que leer también los blogs de los compañeros y comentarlos.

Esta es una manera, pero existen muchas actividades que fomentan reflexiones guiadas, la intención es que el alumno vaya aprendiendo a reflexionar sobre su propia manera de pensar, sobre sus aprendizajes y vaya tomando conciencia de las acciones que realiza y las decisiones que toma en el camino.

No es sencillo, a muchos de los alumnos no les gusta este tipo de actividades, porque no están acostumbrados a hacerlas, porque no les encuentran sentido o les aburren. Correspone a los educadores modelarles, motivarlos y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para proporcionales herramientas para su vida, para que aprendan a aprender y aprendan a pensar.

Referencias

Diaz Barriga, F. & Hernández Rojas, H (2010). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista. México: McGraw Hill.

Tishman, S., Perkins, D. & Jay, P. (1994) Un aula para pensar. Aprender y enseñar en una cultura de pensamiento. Argentina: Aique.