Debajo del árbol

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Urge cambiar la educación

Si revisamos la historia de la Educación, podemos recorrer siglos y siglos de una humanidad enfocada en que los más jóvenes aprendan lo necesario para vivir en sociedad, de maneras poco eficientes, poco atractivas y que se repiten y repiten y repiten.

No importa en qué siglo nos centremos o en qué lugar del mundo nos ubiquemos, vamos a encontrar chicos mirando al maestro, en silencio, haciendo anotaciones. Un aula del siglo XVIII es muy parecida a un aula del siglo XX, a un aula del siglo XXI, nada más que en algunos casos en lugar de tener un pizarrón con gis, tienen un pizarrón “inteligente”, al que todos los alumnos miran sentados hacia el frente, sentados uno atrás de otro, levantando la mano para hablar o pedir permiso de ir al baño.

Las ciencias evolucionan, surgen nuevas teorías para explicar la psique humana, cómo funciona el cerebro, cómo aprendemos… y en el salón de clases los chicos siguen bostezando, se siguen distrayendo, siguen sin encontrar el sentido de lo que les enseñamos, siguen haciendo lo mismo que siglos atrás.

¿Por qué la evolución y la innovación parecen no entrar a las aulas?

 

No digo que no haya propuestas innovadoras, han sido extraordinarias las aportaciones de muchos educadores como Montessori, Pierre Faure, Paulo Freire… pero ¿qué de ellos encontramos en las escuelas públicas?, ¿qué de eso vemos en la Educación Superior?

La semana pasada escuchaba una entrevista a Judith Brown sobre su proyecto Minerva para la educación universitaria. El proyecto Minerva busca desarrollar el pensamiento crítico entre los estudiantes, a través de la resolución de problemas reales, realizando proyectos que se comparten entre pares a través del diálogo constructivo.

Escuchando la entrevista a la Dra. Brown, pensaba en la conversación de las últimas semanas con mis alumnos de Universidad, pensaba en lo desesperados que están mis estudiantes al vivir una educación universitaria que ellos dicen, no responde a sus intereses, no responde a la actualidad, que –según sus palabras- demanda demasiadas tareas sin sentido, se dan contenidos que no se implementan y están desconectados del mundo actual. Una educación basada en el discurso del docente, quien parece que trae “su rollo” y no le interesa el del alumno. “Son dos mundos diferentes que no se tocan”, me dijo una estudiante.

¿Cómo dibujar esa intersección?, ¿cómo construir puentes entre su mundo y nuestro mundo acordando metas comunes, buscando juntos aprender?

¿De qué manera evolucionar la educación y hacer que responda a los intereses y las necesidades de estas generaciones?, ¿cómo transformar el aula del siglo XVIII a la del siglo XXI sin que esto signifique solamente incluir la tecnología?, ¿nos toca sólo a los docentes hacer los cambios?, ¿les toca entrar también a los alumnos?

¿Cómo cambiar la educación?

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Todo inicio de curso

Disfruto todos los inicios: el inicio de año con nuevos proyectos, el inicio de un buen libro, el inicio de una serie televisiva, una nueva amistad o un nuevo proyecto. Pero el inicio de semestre escolar siempre contiene un disfrute especial.

Encontrarme con un nuevo grupo de estudiantes, ver nuevas caras, nuevas sonrisas de nerviosismo e inquietud; reconocer a aquellos que ya han pasado por otros cursos, notar sus cambios, su crecimiento, los nuevos retos… es siempre un placer.

Generalmente al inicio de semestre hago una breve actividad que busca saber un poco de mis estudiantes. Una especie de “fotografía” de cómo están en ese momento. Algunas veces pego en el pizarrón letreros como:

“¿Cómo estoy?”, “Mis sueños”, “Mi fortaleza”, “Mi debilidad”, Mis retos”, y pido que en hojas pongan palabras con las que respondan a eso. Quedan collages como los siguientes:

Collage1

Este semestre se me ocurrió que se imaginaran que habían estado ausentes de su Facebook un par de meses y que hoy volvían a conectarse. “¿Qué escribirían en su estado para dar una idea a sus amigos de cómo están?, ¿qué fotografía añadirían?” Quedó el siguiente collage grupal:

Collage2

Después de la reflexión personal y de ver lo que los otros compartieron, entre todos leemos las respuestas y buscamos lo que nos llama la atención, las coincidencias, las diferencias y los desafíos que eso nos presenta como grupo. Los descubrimientos son interesantes y muchas veces sorprendentes. Para mí es una especie de mapa que me guía en la planeación de las siguientes sesiones, ya que esas palabras pegadas en el pizarrón me hablan de cómo se sienten, dónde están sus intereses, qué les preocupa, qué les motiva… elementos que puedo retomar en las sesiones buscando que el aprendizaje sea significativo.

La actividad se vuelve también un pequeño ejercicio de introspección, de hacer un alto en el camino y mirarse como individuos y como colectivo. Es una manera de conectarnos unos con otros, con aquello que compartimos en lo profundo, de vernos como personas y no sólo como compañeros de curso.

Todo inicio de curso es interesante, es como abrir una nueva ventana. Así son mis inicios de curso en la universidad. ¿Cómo son los tuyos?

 

Un México ¿con educación de calidad?

El pasado lunes 2 de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto dio su primer informe de gobierno. Informe que dividió en 5 apartados, cada uno correspondientes a 5 grandes metas nacionales, una de ellas: la educación. Construir un México con educación de calidad.

Como estrategia: la Reforma Educativa con sus tres leyes secundarias: Ley General de Educación, la Ley para el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y la Ley general del Servicio Profesional Docente, recientemente aprobada y que ha causado gran tensión entre los maestros del país.

Como todos hemos escuchado, hay propuestas en favor y en contra de esta ley del servicio profesional docente. Una de las grandes críticas que se hacen, es que es una ley que está diseñada para castigar, no para apoyar la profesionalización de los maestros. Y este es un punto que me parece importante resaltar: cuando hablamos de la reforma educativa no estamos hablando precisamente de una reforma a la educación del país, estamos hablando de una reforma política, que responde a intereses de distintos grupos sociales, pero que no está del todo diseñada para elevar la calidad educativa del país, como menciona.

¿Por qué? Porque hay muchos elementos que conforman el sistema educativo de nuestro país y que no son tomados en cuenta en esta Reforma y que son necesarios considerar para mejorar la educación.

El docente es un elemento clave dentro del sistema educativo, quien está a cargo de la formación de los estudiantes. ¿Qué lugar tiene en esta Reforma?

Yo considero que el desempeño de los maestros debe ser retroalimentado en pos de una mejora constante a su labor educativa, como un factor más de su desarrollo profesional y no como una medida para sancionarlo o despedirlo.

Interpreto que detrás de la formulación de la ley del servicio profesional docente se encuentra el propósito de terminar con dinámicas sindicales de corrupción y desvío de fondos; además de una enorme desconfianza a la formación docente inicial.

Sin embargo, hablar de mejorar el servicio profesional docente y centrar el tema en evaluar al maestro para decidir su permanencia o renuncia a la plaza docente, no conducirá a la mejora educativa. Profesionalizar al maestro es ir más allá de ofrecerle una formación inicial y estarlo evaluando periódicamente.

Francesc Imbernón, académico de la universidad de Barcelona y Pedro Canto, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, ambos especialistas en el tema de formación docente, hablan en Sinéctica del desarrollo profesional del profesorado como el producto de diversos factores, entre ellos: el salario, la demanda del mercado laboral, el clima organizacional en los centros donde el profesor trabaja, la promoción en la profesión, las estructuras jerárquicas, la profesión, entre otros. Es decir, el desarrollo profesional del maestro no está en pasar un examen, sino en la formación que lleva a cabo el docente, de manera permanente, a lo largo de su vida profesional (Imbernón & Canto, 2013).

Es interesante escuchar cómo el presidente al hablar en su informe sobre calidad en la educación, mencionó que los niños estarán más tiempo en la escuela, tendrán materiales de calidad, acceso a computadoras e Internet, mejor alimentación y planteles con instalaciones adecuadas. Pero no señaló cómo lo lograremos y sobre todo cómo tener mejores maestros ni mejores programas educativos.

Hablar de un México con educación de calidad es necesariamente hablar de mejorar el sistema educativo en su conjunto. Es un sistema, complejo, diverso, conformado por millones de alumnos y miles de docentes. No podemos simplificar el tema de la calidad educativa a aumentar horas de escuela, repartir computadoras y gestionar las plazas docentes. Necesitamos revalorar la labor de los maestros, reconocer la importante función que llevan a cabo día a día formando a nuestros hijos.

Como dice mi amigo Martín López Calva: necesitamos una tercera vía, una vía del diálogo. Ojalá que nuestro gobierno sea lo suficientemente sabio para sentarse a dialogar con los maestros, escucharlos y llegar a acuerdos que verdaderamente nos ayuden a construir un México con educación de calidad.

La educación está enferma

Esta semana, en México, tenían que volver a clase 26 millones de niños, acompañados por 1.2 millones de maestros del sistema público y privado en el país. Sin embargo, más de 2 millones de niños no han iniciado clases todavía. Maestros de distintos estados de la República decidieron hacer un paro laboral ya que se encuentran inconformes con la aprobación de las leyes secundarias que reglamentan la Reforma Educativa; y que tienen que ver con la evaluación docente y las cuotas escolares.

Existe mucho temor por parte de líderes sindicales y maestros, de que su trabajo sea evaluado y su salario y futuro laboral dependa de esa evaluación. Es un tema totalmente comprensible pero, yo me pregunto ¿qué empleado de una empresa o de una institución no se somete a evaluaciones periódicas para mejorar su desempeño?

La revisión es necesaria para analizar el cumplimiento de metas y verificar que las acciones, las condiciones de trabajo, y las capacidades del trabajador, lleven al cumplimiento de los objetivos institucionales. Y a la mejora de lo que haga falta.

No es un tema menor, y es comprensible que exista temor por no cumplir con los estándares esperados, pero también a que el sistema de evaluación termine siendo un elemento de coerción. Lo conducente es que la evaluación ayude verdaderamente a la construcción de mejoras en la profesionalización y estímulo del docente y que se vean reflejadas en una mejor educación para los niños y jóvenes del país. Esta madrugada, la Cámara de Diputados decide retirar la discusión sobre el dictamen de reforma a la Ley del Servicio Profesional Docente, cediendo a las presiones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educacion

La Educación está enferma, decía la Dra. María Bertely, del CIESAS, en una reunión que tuvimos hace un par de días sobre “Educación y difusión del conocimiento”. La educación está enferma y no es un asunto exclusivo de los maestros, del sindicato o del gobierno, es un asunto de todos. Cada uno de nosotros, -maestros, padres de familia de familia, estudiantes, investigadores, ciudadanos-,  tenemos responsabilidades y compromisos que tiene que ver con la educación ¿los estamos cumpliendo?

Esta semana iniciamos clases en el ITESO, y como cada inicio de curso les pregunto a mis alumnos por qué decidieron estudiar Ciencias de la Educación. Algunos me dicen que porque quieren trabajar con niños, otros quieren poner su escuela, pero la mayoría coincide en querer trabajar para mejorar la educación y cambiar el país.

Cuántos educólogos, pedagogos, normalistas, psicólogos, profesionistas, diputados… Entran al mundo educativo con la intención de transformar las cosas, de mejorar la vida de las personas ¿Qué pasa con esa ilusión? ¿Dónde quedan las utopías? La educación no es la panacea del cambio social, pero sí es un engranaje de un sistema que puede llevar a que los ciudadanos tengan mayor bienestar.

Tenemos a más de un millón de docentes que optaron -por necesidad o por amor- por una profesión desvalorada socialmente, con poca retribución económica y que además, muchos de ellos trabajan en condiciones deplorables. ¿Cómo los vamos a formar y cómo los vamos a evaluar?, ¿quién evaluará al gobierno que sigue sosteniendo esas condiciones sociales?

La educación está enferma y ya es tiempo de realizar acciones para mejorarla. Sentarnos solamente a juzgar y decir lo mal que están las cosas, sólo enturbia más el clima social. Negarnos a entrar a discusiones y seguir aplazando temas pendientes, tampoco ayuda. A todos nos da miedo el cambio, pero necesitamos movernos, necesitamos discursos críticos, sí, acompañados de diálogo, de acuerdos, de propuestas y de acción. Necesitamos mayor inversión en Ciencia y Tecnología, mejores programas educativos, fortalecer la formación, evaluar a los docentes, incentivarlos, creer en la educación.

Sí, la educación está enferma y cada uno desde donde se encuentra tiene algo para aportar a su mejora. Empecemos ya.